divendres, 22 de febrer de 2008

Catalans, Catalunya!!

La pugna Catalunya-España,
se reduce a una mera cuestión económica

Nada nuevo bajo el sol. Los mismos líderes del bipartidismo español haciendo promesas a toda vela. Lo noticiable de estas nuevas elecciones (9 de marzo) es que algunos partidos políticos catalanes hacen ver que se creen (todavía) las promesas de estos mediocres imitadores del personaje de cuento llamado Pinocho.

De nuevo han salido a la palestra las famosas Balanzas Fiscales y su consiguiente promesa de publicación, promesa que ya hiciera el popular Felipe González, el mismo que aún viene a Catalunya en olor de multitudes y que aparece y desaparece (cual mago Merlín) del escenario público coincidiendo, casualmente, con las convocatorias de comicios. El mismo líder socialista que modernizó su ciudad (Sevilla) a todo tren, y nunca mejor dicho. Los prohombres del Sur pueden barrer para casa todo lo que se les antoje y también las mujeres, léase AVE de Málaga de Magdalena Álvarez o el ya proyectado tren de alta velocidad de la ciudad de Granada. Nada que objetar, Andalucía forma parte del Estado Español y tiene tanto derecho como cualquier otra comunidad a tener sus infraestructuras. Claro que, pensándolo bien, hay cosas que no cuadran, no salen los números. Posiblemente por ese motivo se van pasando de presidente en presidente el tema de la publicación de las dichosas Balanzas Fiscales, no sea que se sepa la verdad.

Por todo ello no es de extrañar que incluso los partidos nacionalistas e independentistas andaluces, que también los hay y muchos, se busquen argumentos a propósito de las falsedades que nos inventamos los catalanes con respecto al déficit fiscal, imitando en este caso concreto a los Acebes, Zaplanas y Rajoys de turno, sin olvidarnos de los barones Ibarra, Bono y Don Manolo Chaves, amén del correoso Alfonso Guerra y del omnipresente Felipe, héroe de las masas populares de l’Hospitalet y del Baix Llobregat, de quien echan mano los de aquí (PSC) porque no se ven capaces de dar argumentos netamente españolistas y piden la ayuda de los de fuera para hacer el trabajo sucio.
Para hacer ver que los andaluces nada tienen contra la gente del Este (o sea nosotros), anuncian que permitirán dar clases de catalán en las escuelas de idiomas andaluzas. Vergüenza me da, como andaluz de nacimiento, que sea precisamente en el año 2008 (siglo XXI) cuando hayan caído en la cuenta...

Sin embargo mis paisanos y otros antiguos inmigrantes, “nuevos catalanes” (¡después de 50 años!) seguirán escuchando la lección de siempre, la de los viejos maestros. Cuando vayan a votar el día 9 de marzo seguirán preguntando cual es la papeleta con la que se vota a Felipe y si nadie se lo dice, buscarán afanosamente el puño y la rosa roja. Así seguirá siendo mientras no pasemos a mejor vida la “generación del Sevillano”, entre la que me encuentro,
Todo ello apabullantemente legítimo. Las opciones políticas surgen del interior, de la mente y el alma. El voto es personal e intransferible. Pero permítanme que les diga que en el caso que tratamos, varios millones de andaluces y extremeños con sus correspondientes proles nacidas aquí, no es de recibo, no es coherente, que continúen con ese apoyo incondicional a unos líderes a los que su propio partido (PSOE) ya ha jubilado hace tiempo por desfasados, y que sólo sacan a la palestra cuando llegan elecciones. Claro que podríamos comenzar a entenderlo si arañamos sólo un poquito en la superficie; mis paisanos los “nouvinguts” se ven obligados a escoger entre Felipe González (no Zapatero) o el PP de Rajoy. Su voto es para la Catalunya Española, no para la Catalunya que el PSC de Maragall propugnaba...

Ahora bien, esta forma de actuar, contraria a toda lógica, puede volverse en contra de las capas más desfavorecidas de la sociedad catalana. Precisamente en contra de los barrios periféricos donde vivimos y trabajamos y sus infraestructuras. Está bien que de vez en cuando nos repongan la serie “Curro Jiménez”, aquel bandolero de la Sierra Morena que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Aquí se trata de AVES, libros gratuitos, modernización de las vías de comunicación, cobertura del desempleo, ordenadores, etc. No de una simple bolsa repleta de doblones de oro. Se trata de que en algunas autonomías españolas ya están a la media Europea, mientras los que más pagamos (los de aquí) estamos inaugurando un AVE mucho después de los que reciben las ayudas solidarias. No sé si me explico con claridad... Son gastos que pagamos con nuestra hoja de salario, nuestro IRPF, IVAS y más impuestos.
Dineros que se van a Madrid y ya no vuelven. No hay que ser muy ducho en economía para saber a donde van a parar.

Sin embargo, como ya digo más atrás, las autonomías más desfavorecidas del Estado Español e incluso los partidos independentistas de éstas, se inventan las mil y una triquiñuelas. Estructuran cuarenta mil argumentos de que esto no es verdad, y llegará el día en que la cuestión sea tan evidente que no podrán ocultarla ni a los votantes de Felipe y Guerra. Cuando falta el pan, no importa que haya aceite...

Hablando en plata: de Catalunya salen más de 50 millones de euros diarios que no vuelven a retornar ni en forma de infraesrtructuras, ni en forma de prestaciones, ni en forma de nada.

Casualmente coinciden en desmentir estos datos los dos partidos españoles mayoritarios, PP y PSOE, cuando el precursor de los estudios sobre el déficit fiscal catalán, y uno de los primeros en legitimar las tan reivindicadas balanzas fiscales, es ni más ni menos que el actual Conseller de Finanzas de la Generalitat de Catalunya Antoni Castells (PSC).
Me consta que los seguidores del Partido Popular de Catalunya han desmentido y desmienten de continuo lo arriba reseñado. Sus excusas no pasan de meros pasajes literarios o ensayos sobre el sexo de los ángeles. Son rutinas aprendidas de Alejo Vidal Quadras, el mejor Piqué o del inefable guerrero del antifaz; José Mari Aznar. No creo que a estas alturas nadie copie el discurso de Don Mariano, ni los de su propio partido.

El titular de este artículo (catalans, Catalunya!!) va por todos, ya sean oriundos o nuevos catalanes. Todos somos iguales ante la Agencia Tributaria Española. Unos no pagan más que otros por su origen. Incluso los recién llegados del norte de África, sudamerica o de los países del Este. Todos colaboramos en las AVES de Sevilla, Valladolid, Málaga o Barcelona. Todos hemos colaborado en que Madrid haya cuadruplicado sus vías interurbanas y su metro, mientras aquí tenemos los trenes de cercanías más “carcas” y cachambrosos de Europa (habiendo sido de los primeros y pioneros).

Claro está que, ante la desdicha, algunos se apuntan a los que mandan, otros hacen lo que les ordenan, la mayoría sigue rumiando el “que farem” y los recién llegados de otros países se alistan en coordinadoras y colectivos a la antigua usanza, con el beneplácito de los que apuestan por aplicar las mismas fórmulas de los años 60 del siglo pasado. Cuidado con el dato; ciertos de estos llamados colectivos ya reivindican sus derechos con las siglas de partidos políticos que tienen sede en su país de origen. Pero de esto ya hablaremos en otra ocasión.

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