diumenge, 31 de juliol de 2011

Catalunya: Independencia o suspensión de pagos

A la gente hay que ir dándole muchas explicaciones cuando piensas algo que se diferencia de la opinión generalizada. Mire usted ¡déjeme con mi quimera, que es mía! Es muy estresante y cansado.
Si la quimera tiene algo que ver con la disidencia, el separatismo o la independencia del país en el que vivo y trabajo, la cosa se complica de manera superlativa. Las explicaciones tipo “perdóneme usted por pensar a sí, pero creo…” se suceden intermitentemente como las paradas del metro. Da igual mostrar cifras macroeconómicas, situaciones políticas, inversiones grandiosas e inverosímiles en territorios increíbles… siempre suena más fuerte el aire al chocar con el tren durante el trayecto por el frío túnel de la incomprensión –siguiente parada: Plaça Espanya-.
Si además eres de procedencia andaluza, como yo, y pregonas a los cuatro vientos que España expolia a Catalunya desde hace mucho tiempo (en ‘román paladino’ adrede) y que ya vale de mantener a otros con el sudor de nuestra frente, me crucifican directamente en las fuentes de Montjuic o en el Parque de la Ciudadela. Menudo imbécil –escucho a veces murmurar bajito, cuando me doy la vuelta. Claro que cada vez menos. Allá por los años 90 del siglo pasado era una mayoría la que me tenía por cretino, anodino y barbilampiño político. Cada año que pasa el asunto (de ‘menudo imbécil’) va a menos hasta llegar a un 50% en los momentos actuales.
Según lo dicho en el parágrafo anterior, el avance sustantivo me convierte en poco más de una década en la mitad de tonto que antes, siempre según la docta opinión de conocidos, amigos, compañeros y algún que otro familiar. No hablemos ya de la plebe lacaya del capital centralista-monopolista español y sus adláteres, ya sean bipartidistas peperos o sociatas.
Todo tiene sus ventajas. Yo me lo paso bomba cuando le digo directamente en la cara a algún come-bollos extremeño, andaluz o castellano (de las anchas castillas) convencido de las bondades del sistema del reparto equitativo de las balanzas fiscales Españolas que son “mu solidarias” y que los catalanes somos tacaños, cromañones y estreñidos por ir en contra: “Mira amigo, estáis viviendo del momio catalán y de los fondos FEDER, y lleváis más de medio siglo intentando salir del agujero sin conseguirlo nunca, confiando en la ‘cuota de partido’ desde los ‘madriles’ y en la verborrea mafiosa y desagradecida de vuestros líderes semi-analfabetos funcionales cuyas lenguas desagradecidas se asemejan a las de las protagonistas de la película Anaconda”. Y mientras tanto en Soria (creo) te compras un billete de autobús por 60 céntimos y en Barcelona te gastas 1,45 y así igual con el pan, agua, luz, butano, cine y cesta de la compra en general. Las jubilaciones y la sanidad pública –no obstante- son igual para todas las ‘regiones’.
Me responden con rapidez que “como puedo pensar así siendo andaluz de procedencia”. Sí, soy andaluz y a mucha honra, pero no tonto, que no es lo mismo que aquello de “dame pan y dime tonto” sino al revés. Trabajo en Catalunya desde hace más de 45 años, pago aquí mis impuestos y veo que se los gastan en otros lugares en formato de trenes de alta velocidad, aeropuertos inservibles, autopistas gratuitas y ‘planes de empleo rural’ para toda la familia. Mientras tanto por aquí nos vemos obligados a cerrar centros de atención primaria y quirófanos por falta de dinero, no de intención política. Con el agravante de que encima los voceros del reino pregonan a los cuatro vientos que “Catalunya va mal por culpa de la derecha”, cuando en los últimos siete años ha gobernado la izquierda pijo-progre más retrógrada, equivocada y corrupta de manera generalizada (más de 30 años diputaciones y ayuntamientos importantes). La misma izquierda que pretende vender nuestro aeropuerto de El Prat a la empresa privada porque, claro, es de ellos. Los mismos que tardaron una eternidad en poner en marcha el AVE Barcelona-Madrid, casi la única vía de alta velocidad que se ha demostrado rentable en la piel de toro. Los mismos que nos hacen pagar cantidades exorbitantes por irnos a bañar de Sant Boi a Sitges o a la Costa Brava, mientras construyen un AVE Toledo-Cuenca-Albacete para 30 viajeros diarios o centenares de autopistas a dos carriles por banda gratuitas. Pero claro, el idiota traidor (a quién, porque a Andalucía no) soy yo, que voy pregonando estas cosas y además en castellano…
Los grandes inquisidores sociopolíticos de la intelectualidad española, supuestamente avanzada, más bien globalizada, de la vanguardia, siguen con aquello que dijo Carlos Marx: “Los nacionalismos son los peores enemigos del internacionalismo proletario”, frase que seguramente repitieron hasta la saciedad Mao, Lenin, Stalin o incluso Troski, mientras obligaron a las naciones del Este a convertirse a la fuerza bruta en la Unión Soviética para provecho político y económico de la madre Rusia, que es la forma más ‘democrática’ de unirse, evidentemente. Cambiemos el yugo del Zar o de los mandarines por los sóviets Siberianos de Stalin o de los 60 millones de chinos ‘sacrificados’ por Mao en pro de la modernidad y la igualdad económica.
El expolio de unos para beneficio de otros jamás ha tenido un éxito continuado. La actual configuración política y económica del Estado Español ha entrado en vía muerta. Ya no vale la invención sibilina y maquiavélica de un federalismo ficticio que perpetúe la desigualdad, tal y como propugna la avanzadilla supuestamente socialista española. Ahora ha llegado el momento de poner los puntos sobre las íes, de decir con claridad que algunas regiones de España son realmente regiones-apéndice del nacionalismo español permanentemente empobrecidas por falta de esfuerzo común e ingenio, y que existen por sí mismas comunidades históricas que son expoliadas por una mayoría altamente improductiva y permanentemente.
Ha llegado el momento de la ruptura o la quiebra del sistema. Las mentiras políticas se perpetúan, el engaño sistemático ya no surte efecto tal y como nos muestran las recientes encuestas de uno y otro bando. El desequilibrio mental de la supuesta izquierda progresista española le ha dado alas y razones evidentes a la derecha conservadora más reaccionaria para que tome el poder. Las equivocadas políticas progresistas (ejemplo: Ley de la Dependencia o el famoso café para todos) basadas en el beneficio de unos con el esfuerzo superlativo de otros, no han podido aplicarse en la actual coyuntura por utópicas. Las políticas españolas de los últimos decenios basadas en el “pelotazo” y el apoyo indiscriminado a los banqueros han fracasado. La asfixia económica de las zonas más ricas del Estado está próxima a producirse.
Antes de que eso llegue definitivamente a empobrecernos a todos por igual más vale iniciar el camino de la soledad. Que cada palo aguante su vela.
Pedro Morón de la Fuente

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