dilluns, 28 de març de 2011

La “izquierda progresista” española o la desvergüenza nacional

Cansa ya leer constantemente las argumentaciones insustanciales de ciertos carcamales de la política. Dinosaurios esperpénticos potenciales que viven y trabajan en despachos-museo fosilizados y que asoman sus garras al exterior para criminalizar lo que ellos llaman “la derecha”. No se refieren a la derecha derecha. Esa derecha que legítimamente (o no) ocupa ese espacio político que favorece, irremediablemente en la democraacia que nos hemos dado entre todos, a empresarios, el libre mercado, a la banca (o finazas especulativas) y que va en contra del avance de los trabajadores. Una derecha que persiste, y persistirá, por los tiempos de los tiempos.


No, los paquidermos creadores de opinión de la política “izquierdoso-pijo-progre” de ahora, no se refieren a esa derecha. Sus ataques van dirigidos hacia otra derecha que les parece más peligrosa; el centro derecha o la derecha democrática, democristiana, democrata-liberal, y partidos por el estilo. ¿Por qué? Porque ven peligrar su espacio político, el único que les queda después de haber renunciado a la revolución proletaria, al comunismo, al socialismo y a todos los ‘ismos’ de la izquierda tradicional. La derecha –dicen- siempre es la derecha, ya les gustaría, ya, que todos fueran de la Falange…Ellos son la izquierda progresista y siempre lo será aunque ahora no esté de moda y sea hasta mal vista por no poner en practica sus ideales. Es esa izquierda que tira la piedra y esconde la mano. La misma que ha dejado arrasadas las costas y las ciudades de asfalto y ladrillo. La que ha metido la mano en el cajón igual que hace la derecha derecha.

La mismísima izquierda que ha dejado las arcas de la Generalitat de Catalunya cargadas de facturas impagadas y sin un euro. La que hará lo mismo, en breve, cuando pierda otras muchas autonomías. La que argumenta razones peregrinas para haber dejado en bancarrota a siete millones y medio de personas, apoyándose en las ayudas a las capas más desfavorecidas de la sociedad con quienes tampoco han cumplido, por aquello de “estirar más el brazo que la manga” durante sus desastrosos siete años de mandato. Ahora sólo les queda que echar los leones a Artur Mas (y a Rajoy, por lo que se ve llegar) y proclamar a los cuatro vientos que son más inocentes que las ánimas benditas.


Es esa izquierda, vergonzosa, que ha renunciado en los últimos treinta años, a sus principios más fundamentales. La que ha vendido a los trabajadores y ha ‘comprado’ a los sindicatos, la que nos metió en el ‘ajo’ europeo y del euro sin medir las consecuencias. La “izquierda progresista” que tiembla y acepta sin recato las órdenes de una señora de derechas llamada Ángela Merkel ¿les suena? La misma izquierda que ha gobernado durante los años en que ha florecido la burbuja inmobiliaria. La misma “izquierda” que no ha dudado en secundar las políticas proteccionistas de Obama, Sarcozy, Merkel o Gordon Brown, en políticas financieras consistentes en robar a los pobres para premiar a los ricos.


Exactamente esa pseudo-izquierda que vende material bélico a países del tercer mundo a los que después envía tropas para salvar a sus ciudadanos de las garras de los mismos compradores, en un derroche sin precedentes de desvergüenza. Seamos serios señores. La izquierda tradicional a la que se refieren esos políticos dinosaurios antediluvianos, que pueden ser profesionales o ciudadanos crédulos de a pie, ya no existe en el Estado Español. Hace tiempo que ha desaparecido.


Dejen de argumentar idioteces contra la social democracia (que ustedes mismos introdujeron en este país vía Billy Brand) y dedíquense un tiempo a reinventar de nuevo su izquierda obsoleta. Cuando lo hagan, si es que lo hacen, dejen un espacio para la participación de la clase trabajadora, a la que tienen muy olvidada en sus programas electorales. Déjense de “barones”, “capitanes”, de poltronas y sueldos millonarios. Vuelvan al tajo con los obreros (a los que tienen bastante desamparados. Recuerden, 4,5 millones de parados, casi el doble de la media europea) y recuperen, de verdad, su espíritu solidario y progresista.





Pedro Morón de la Fuente

Periodista

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